Voces del mundo : Situación social en Argentina

 

Orígenes y consecuencias de la inseguridad social en Argentina

 

Como ya le ha ocurrido a otros países, el proceso que atraviesa Argentina desde hace, al menos, tres décadas, consiste en la concentración social de la riqueza en un número reducido de intereses privados, mientras la “clase media” argentina se descompone y pasa a ser absorbida, progresivamente, por la clase trabajadora más explotada y precarizada.

 

Un librero amigo que ha viajado a Chile con su familia en el verano pasado lo describe sucíntamente: “Chile es increíble, por 400 pesos argentinos podés comprarte cuatro jeans de marca importada (los mismos Levi’s que en Argentina cuestan 1200 pesos argentinos), pero en Chile no se produce nada, y la gente se divide entre la que es muy rica o muy pobre”. De esta manera, en el rostro de la realidad chilena podemos ver nuestro propio futuro, y ambas realidades son la contracara de una misma moneda: el capital global ha migrado su proceso productivo hacia las economías más competitivas del Asia, donde los trabajadores cobran ssalarios que son apenas una fracción de lo que en nuestros países de américa latina se necesita para llevar una vida de subsistencia.

 

El resultado inmediato es la descomposición social: la creciente inseguridad, el auge del mercado de las drogas, el embrutecimiento de gran parte de la población y un largo etcétera que acaba donde comenzamos esta nota, mientras unos disfrutan de todos los lujos de una vida de confórt, para otros solamente queda una vida de subsistencia, trabajo precarizado y, cuando ni siquiera esto último se tiene, el magro asistencialismo del Estado que va acompañado del clientelismo político (la compra de la voluntad de las personas mediante la entrega de alimentos y ayuda social).

 

La inseguridad se adueña de las calles, especialmente de los barrios periféricos de los conglomerados urbanos, donde en otros tiempos se desarrollaba tranquilamente la vida de las familias ligadas a las industrias que hoy son remedo de lo que alguna vez fueron (el ferrocarril, la metalurgia, los talleres mecánicos, textiles, gráficos, etc.). El juego de los chicos en las calles fue siendo reemplazado, con el pasar de las generaciones, por la presencia de jóvenes armados que se dedican a custodiar las entradas a los puntos de ventas de drogas, estos jóvenes son conocidos como “soldaditos”. El asesinato ahora es un tema cotidiano de conversación, las casas humildes se revisten de rejas de hierro y los servicios esenciales de sanidad no llegan a los barrios porque ningún médico o trabajador quiere arriesgar su vida en el intento de socorrer a un necesitado. De este modo es como los barrios se convirtieron en “ghetos”, es decir zonas de reclusión social y estados de excepción donde el poder lo detenta un criminal que mantiene lazos con los poderes fácticos del Estado: la policía, los partidos políticos a los cuales financia sus campañas electorales y la burocracia del Estado.

 

Los lazos sociales de amistad y solidaridad que en otro tiempo fueran un valor cotidiano se han perdido, hoy las personas se reúnen solamente para poder sobrevivir a la intemperie. La calidad de la educación pública y privada fue deteriorada voluntariamente porque el sistema se satisface con trabajadores más embrutecidos. Este sistema, que nos prometía la abundancia y una vida del primer mundo, nos condujo finalmente a la barbarie.  Mientras esto ocurre en los barrios humildes, las familias ricas se apresuraron a levantar muros y a construir, detrás de ellos, lujosos condominios privados conocidos como “countries”.

 

En este país, hoy se considera un privilegio el poder disfrutar de un paseo nocturno, sentarse en un parque a tomar mates, reunirse con amigos alrededor de una mesa de algún bar, etc. Vivir momentos felices y disfrutar de la vida social es cada vez más difícil y lejano para gran parte de las personas. Es necesario que nos propongamos una nueva forma de organizar nuestra vida social, una nueva forma de administrar nuestro tiempo y nuestro trabajo, para que la riqueza quede en manos del conjunto y no sea apropiada por un pequeño grupo dejando al resto en una situación de tener que luchar por subsistir. No solamente es posible una forma de organización social distinta, sino que también es absolutamente necesaria porque el estilo de vida que actualmente llevamos nos conduce inexorablemente a la barbarie.

 

Fabián Godoy

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